Hijikata, nació un 9 de marzo de 1928 en la prefectura de Akita, Japón, fue el décimo hijo de once y posteriormente creador de la danza Butoh.
Proveniente de un contexto desalentador y catastrófico, la familia de Hijikata vivió en pobreza extrema debido a las limitaciones de los avances tecnológicos y la escasez de recursos naturales provocados por los fuertes inviernos de la zona.
Por si fuera poco, algunos de los hermanos de Hijikata fallecieron y otros fueron vendidos por estas mismas razones de precariedad.
Dos años después del bombardeo a Hiroshima y Nagasaki, Hijikata se mudó a Tokio de manera permanente en la búsqueda de un nuevo estilo de vida. Sin embargo, esta experiencia resultó desalentadora para él, debido al choque cultural entre su tierra natal y la urbanidad de Tokio. Esto provocó en él un sentimiento de marginalidad. De ahí por qué el cuerpo se transforma en un espacio que rompe con todo significado de identidad. Una lucha de poder del cuerpo y el territorio.
Para Hijikata el concepto de marginalidad significaba una condición que permite explorar los límites de la identidad en el cuerpo, con esto, será necesario tener un fundamento filosófico que diera explicación a sus ideas.
Así Hijikata comienza a leer a diversos autores y adaptar el lenguaje literario y filosófico a sus preocupaciones en torno al cuerpo.
La creación del concepto Ankoku Butoh
El Ankoku Butoh, o „danza de la oscuridad“, se desarrolló en un contexto social de posguerra y protestas, emergiendo como una expresión contra las normas establecidas y el dominio occidental en la danza japonesa. Este origen se remonta a finales de los 50’s y se desarrolla a lo largo de los 60’s en Japón.
Durante esta época Hijikata reflexiona sobre las condiciones sociales de Japón y da nombre a su movimiento artístico Ankoku Butoh.
De esta manera podemos entender que la palabra Butoh refiere al tipo de danzas no son tradicionales, como el Kabuki o el teatro Noh, mientras que la palabra Ankoku es el concepto construido por Hijikata el cual nos permite comprender su filosofía sobre el cuerpo.
Nanako Kurihara diría sobre el Ankoku Butoh lo siguiente: “Hijikata creó el término Ankoku Butoh para denotar una danza cosmológica que se salía completamente de las danzas existentes y que explora al lado oscuro de la naturaleza humana”. Ankoku se traduce como tinieblas u oscuridad, no obstante, no hay que pensar la oscuridad bajo alguna carga moral, sino en un sentido más próximo a la filosofía deleuziana, sobre todo a aquello que escapa a la representación y que irrumpe como diferencia.
Ankoku es un concepto muy complejo para Hijikata, pues alude a cierta forma de negatividad, criminalidad o inmoralidad en el sentido de Nietzsche, Artaud y Bataille.
Siendo así que las preocupaciones en el butoh del artista se encuentran profundamente influenciadas por referencias a la filosofía y la literatura. Ya que, además de ser bailarín y coreógrafo, Hijikata fue un lector insaciable, influenciado por escritores como Sade, Lautréamont, Ango Sakaguchi, Yukio Mishima, Nietzsche, Rimbaud, Artaud, Genet y Bataille. Hijikata prestaría mucha atención al modo de vida del escritor Jean Genet por su postura sobre la criminalidad, la inmoralidad y la sexualidad.
Mientras Hijikata buscaba una identidad característica y original con la cual definir su filosofía del butoh, fue el mundo paradójico de Genet el que capturó la atención del artista.
Genet, era un rechazado por la sociedad, por ende, se concibe a sí mismo como rechazado. De esta manera, Genet crea su propio ethos paradójico. Es decir, la pobreza se convierte en virtud y las pulgas son un emblema de prosperidad.
Bajo esta influencia, Hijikata adopta esta forma paradójica de entender la vida, donde la fealdad es belleza y la muerte es vida.
Esta oscuridad de la danza refleja la simpatía de Hijikata por los marginados y rechazados en la sociedad japonesa.
Dicha concepción filosófica sobre el cuerpo y la marginalidad me recuerda a una cita de Jacques Derrida en su texto La escritura y la diferencia:
Desde que tengo relación con mi cuerpo, así pues, desde mi nacimiento, yo ya no soy mi cuerpo. Desde que tengo cuerpo, no lo soy, así pues, no lo tengo. Esta privación instituye e instruye mi relación con mi vida. Mi cuerpo ha sido robado, pues, desde siempre. ¿Quién ha podido robarlo sino Otro, y cómo ha podido éste apoderarse de ese cuerpo desde el origen si no se ha introducido en mi lugar en el vientre de mi madre, si no ha nacido en mi lugar, si yo no he sido robado en mi nacimiento, si no mi nacimiento no me ha sido hurtado, “como si al nacer apestase desde hace mucho tiempo a muerte?”.
Esta pérdida de la identidad, este sacrificio del yo es una de las características más sobresalientes del Butoh . He aquí un importante secreto. Aquí se encuentra la escencia del Butoh. El cuerpo no es propiedad de un yo y por lo tanto es otredades vivas que se transforman en el borde de la vida y la muerte.
Así, el proceso evolutivo del butoh fue de una ruptura y una transformación permanente tal y como hemos visto con anterioridad.
Por lo tanto, durante las primeras etapas, el Butoh mostraba una danza grotesca y anárquica, con violencia y exploración del sexo como temas recurrentes. Pero con el paso del tiempo, Hijikata fue orientando el Butoh hacia una ascética corporal que implicaba la „muerte“ simbólica del ego, una lucha para recuperar el cuerpo arrebatado por los dispositivos de poder, liberándolo de condicionamientos y de la identidad fija. Así, el Butoh se convirtió en una forma de arte que trascendía lo estético para convertirse en un acto de resistencia y transformación profunda.
De esta manera, Hijikata comienza a explorar el lenguaje, ya no desde la filosofía ni desde la literatura, sino un lenguaje proveniente del cuerpo. Veremos así que su formación artística va desde el conocimiento y un escaso dominio del ballet, el jazz y la danza moderna. Sin embargo, Hijikata no buscaba crear una nueva técnica de danza, sino más bien, una filosofía del cuerpo.
Tatsumi Hijikata y Yukio Mishima
Al poco tiempo de instalarse definitivamente en la capital de Japón, Hijikata frecuentó los ambientes más estridentes de la ciudad. En los 50’s Hijikata ya había establecido vínculos con artistas de otras especialidades. Artistas que le ayudaron a conformar una visión coreográfica y escénica de sus obras. Fue de este modo que durante aquella época Hijikata conoció a dos personalidades de gran nivel: al escritor Yukio Mishima y al fotógrafo Hosoe Eikō, con los que forjó una buena amistad.
Fue así que el 25 de mayo de 1959 cuando Hijikata dio a conocer su primera coreografía, Kinjiki. vocablo que puede interpretarse como Color prohibido, Placer prohibido, o también Amor prohibido. Esta se basaba en la novela del mismo nombre del escritor Yukio Mishima, la cual había sido publicada en el año 1951. El relato de Mishima plantea el tema de la homosexualidad y se centra en la manipulación de un joven por un hombre mayor.

(Ono Yoshito y Hijikata Tatsumi ensayando Kinjiki, 1959. Esta fotografía muestra que Hijikata aún no se había afeitado la cabeza para el estreno. Foto de Otsuji Kiyoji, Archivo Hijikata Tatsumi, Centro de Arte de la Universidad Keiō, Tokio).
La coreografía generó polémica por tratar temas tabúes y actos escénicos provocadores. Con esto, Hijikata no podía estar más contento con el resultado, pues desde un inicio, esa era su intención, generar sentimientos y emociones de repulsión y desagrado al público. No obstante, no todo resultó negativo. Ya que aquella noche del 25 de mayo de 1959, Hosoe Eikō asistió al estreno de Kinjiki.
Por entonces, Hosoe ya había fotografiado a diferentes bailarines, pero lo que contempló ese día no lo había visto nunca en un escenario. De ahí en adelante, ambos artistas comenzaron una buena amistad.
Debido a este encuentro, el trabajo de Hosoe y el de Hijikata fueron complementarios durante los próximos años. Trabajando en conjunto para diversos proyectos fotográficos como lo fue, por ejemplo, Kamaitachi, donde Hijikata modeló, imitando diversas leyendas locales en un entorno campestre y rural. Cabe mencionar que dichas fotografías fueron tomadas en Akita, lugar del nacimiento de Hijikata.
Sin embargo, esta presentación también rindió frutos en un aspecto trascendental, ya que cuatro meses más tarde, el escritor Yukio Mishima contemplaría la puesta en escena de su novela. Cabe destacar que en un primer momento Hijikata no solicitó el permiso del autor para hacer una adaptación de su novela Kinjiki. Sin embargo, esto no fue limitación para que de este evento surgiera una buena amistad entre el escritor y el bailarín. Dicha amistad queda reflejada en una de las fotografías que les hizo Hosoe en el año 1961:
(Yukio Mishima y Tatsumi Hijikata en una foto de 1961 de la serie Bara-kei de Hosoe Eikō, Publicada por Shūei-sha en 1963).
Mishima hablaría de esta experiencia de la siguiente manera:
Alguien me dijo que Hijikata Tatsumi, del estudio de danza Tsuda Nobutoshi, presentó una obra de danza moderna con el título de mi obra Forbidden Colors (Kinjiki), pero perdí la oportunidad de verla. En realidad, supuse que probablemente se trataba de la obra excesivamente idealista de un joven literariamente inexperto. Sin embargo, después de visitar el Estudio Tsuda y ver con mis propios ojos esta obra, […] no pude evitar sentir un profundo interés por este experimento tan vanguardista.
Mishima contemplaríó una coreografía errática, con movimientos improvisados, enfermos, como un cuerpo que ha perdido conciencia de sí mismo. Dichos elementos fueron intencionales, Hijikata no contaba con experiencia en la danza, y mucho menos como coreógrafo, sin embargo, esto no lo limitaría a transmitir su mensaje. Los ensayos de Hijikata con su compañero Kazuo Ohno carecían de técnica, pues la intención era la improvisación. Dichos ensayos fueron observados por el escritor de El sol y el acero.
Será de este modo que en 1961 durante un recital titulado Contemporary nightmare An avant-garde dance group dances Forbidden Colors Mishima describiría un gesto característico de la técnica dancística de Hijikata, donde se resalta el movimiento errático y poético del cuerpo:
El movimiento espasmódico e inadecuado de la mano, que expresa la dificultad del cuerpo para dominar el mundo exterior y una suspensión del lenguaje corporal, evocando una soledad profunda. Este gesto singular se convertirá en un símbolo recurrente en sus performances.
Elementos filosóficos de la danza Butoh en el cine
Dichos elementos filosóficos del cuerpo no solo tuvieron repercusiones en la fotografía como en el caso de Hosoe Eikō, o en la literatura como lo fue en el caso de Yukio Mishima, sino que Hijikata tuvo un impacto significativo en el cine y las artes escénicas de Japón.
Es de este modo que, como último apartado, me gustaría mencionar brevemente la influencia filosófica de Tatsumi Hijikata en el cine en dos películas, Himiko de Masahiro Shinoda y la película controversial Suicide Club de Sion Sono.
La película Himiko dirigida por Masahiro Shinoda en 1974 es una obra épica que reinterpreta la leyenda antigua de Himiko, una reina chamán del sol que fundó el primer reino registrado de Japón. Durante la filmación, Tatsumi Hijikata participa como bailarín, pero también como un elemento clave y guía espiritual para la escancia del film.
Aquí la protagonista Himiko aparece representada con vestuarios y movimientos que combinan lo ritual con lo grotesco, explorando la materialidad y oscuridad del cuerpo. También con elementos propios de la transgresión del ritual, el misticismo, el voyeur, la guerra, el simbolismo religioso y la violación del tabú con elementos sexuales en torno al personaje de Himiko. Este enfoque refleja la filosofía del Ankoku Butoh de Hijikata, que busca representar la corporalidad desde su lado oscuro y oculto, no moralizado, como un espacio de transformación y resistencia.

Algo a destacar de la película es el final, pues a lo largo de la historia, vemos paisajes naturales, casas tradicionales, danzas de la localidad. Mientras que, como consecuencia de las transgresiones de los personajes, se nos muestra, metafóricamente, un final que nos revela un japón invadido por la modernidad. Dando a entender este cambio de Japón ritual-tradicional, a un Japón post 2da guerra mundial. Donde la identidad japonesa ha sucumbido a occidente.
Prueba de estas reflexiones filosofías presentes en el film, las encontramos en el un comentario que realiza Hijikata sobre su danza:
Todo el poder de la moralidad civilizada, de la mano con el sistema económico, capitalista y sus instituciones políticas, se oponen absolutamente al uso simple del cuerpo como medio o herramienta para el placer. Más aún, la producción orientada a la sociedad ve al uso sin sentido del cuerpo, a lo que yo llamo danza, como un enemigo mortal y un tabú. Puedo decir que mi danza comparte una base común con el crimen, la homosexualidad, los festivales y los rituales, en que es un comportamiento que hace alarde del sinsentido y de esta forma hace frente a una producción orientada a lo social. Con este sentido mi danza basada en una actividad humana de sí mismo, incluye a la homosexualidad, el crimen y la batalla ingenua con la naturaleza, como formas de protesta contra la “alineación del trabajo” de las sociedades capitalistas. Probablemente esta es la razón de que yo tomara expresamente muchas referencias de lo criminal.

Consecuencia de la modernidad, nos encontramos ante un film que se volvería profético con el tiempo, es decir la película Suicide Club de Sion Sono.
A pesar de que Hijikata no actúa en esta película, su legado se ve representado por otro actor que es una pieza clave dentro de la danza Butoh, es decir, el bailarín y director de teatro Akaji Maro.
La película nos expone a una serie de suicidios que ocurren en Japón en plena era tecnológica, donde el cansancio, y la desconexión social, provocan que la sociedad japonesa, bajo la influencia de mensajes subliminales de un grupo musical de J-pop, comience una serie de suicidios masivo.
Si bien la trama es lenta y oscura, resalta el hecho de que la filosofía del butoh esté presente a lo largo del film, pues como he comentado a lo largo de este ensayo, el butoh es una corriente artística que busca exponer el lado oscuro de la naturaleza humana, asi como el crimen y la sexualidad, los cuales, son elementos muy presentes en este film. Mas en específico en una de las ultimas escenas en que las víctimas son violadas y asesinadas por un grupo de punks. Esta escena en específico parece intencionalmente elaborada por Akaji Maro.

Con esto podemos concluir que el legado de Tatsumi Hijikata resuena bastante bien hasta nuestros días y su impacto en esta generación es más significativa, pues los tiempos en que vivimos son de una oscuridad voraz.
El Butoh, más que una técnica de danza es una práctica que trasciende y fractura las representaciones de la identidad moderna que se hayan objetivadas en el cuerpo. El butoh es un cuerpo que emerge desde la oscuridad (Ankoku) y fractura toda representación. En otras palabras, el butoh abre el espacio del cuerpo en donde el espectador es testigo del cuerpo en sus devenires.
Hijikata falleció en 1986, pero dejó un legado que sigue vivo en grupos y discípulos que mantienen el e++
spíritu innovador y subversivo del Ankoku Butoh alrededor del mundo.